Estás con tus amigas y te escuchas dándoles el mismo resumen de siempre:
«Es que cuando estamos bien, estamos muy bien…»
«Lo que pasa es que le cuesta
expresar…»
«Yo también tengo cosas que trabajar…»
Y mientras hablas, una parte de ti ya sabe la verdad: no estás intentando convencerlas a ellas. Estás intentando convencerte a ti.
Hace tiempo que dejasteis de estar bien. Ya casi no discutís, porque ya casi no habláis. Has aprendido qué cosas no merece la pena sacar y qué necesidades es mejor tragarte.
Y un día te haces la pregunta que da más miedo que romper: ¿y si esta es mi vida para siempre?
Lo peor no es no saber si irte. Lo peor es no saber si puedes confiar en ti para decidir.